Es bastante increíble la facilidad con la que te puedo odiar. Nada se puede percibir ya en esta maldita oscuridad, nadie puede desafiar mi razón porque derivo en la demencia más primitiva del ser humano. Reviento como globo estático que deja de aguantar la respiración; me pierdo tanto en la porquería indeseable del miedo que quizá viva sintiendo que no vivo, queriendo no vivir, deseando conseguir algo que ni siquiera tiene nombre propio.
Me canso de mí misma, de mis malditas paranoias nocturnas, de mis inseguridades rabiosas, de mis celos asesinos, de la poca confianza que tengo en mis sueños, de las pocas ganas que me quedan de respirar. Me canso de la mierda que me rodea, de las estupideces humanas, de esta sociedad inmunda que nos enjaula y nos quita la poca individualidad que nos queda.
Divago frente a mí, mirando fijamente la claustrofobia que hay atascada en la puerta. Me anestesio con el sonar de las notas musicales. Me derrumbo en silencio y me esparzo como lagrimas que fluyen del horror irremediable de un llanto. Me vomito, me flagelo, me violo, me odio, me lapido y continúo mi camino.