3 nov 2011

C.B te convertiste en mi inspiración letal


Liberarse inesperadamente de los arraigados límites
impuestos por una sociedad caótica y prematura.
Partir sin prisa,
callado y atento.
El viaje infinito del aventurero veloz.
Y llevaré en mi equipaje los besos que nos dimos ayer,
los fluidos cálidos y dulces de tu cuerpo, las sonrisas
marchitas de nuestro jardín. Las sábanas usadas y deshilachadas
de nuestra cama. La bola de pelo, a la que denominas gato
y a la que tanto amabas – quizá más que a mi – También llevaré
conmigo las confesiones imborrables de aquella noche borrosa
 en la que admití mis secretas perversiones que tú y
solo tú conoces.
¿Olvidaste acaso nuestra mortalidad evidente?
Solíamos crear sueños conjuntos, un mundo imaginario y
utópico que ahogaba los rugidos amargos de una realidad
insípida y trivial.
Solía pensar en la muerte instantánea como
una forma de huir…
¿Cómo acabarías con tu vida? – me preguntaste aquella mañana nublada-
Simplemente dejaría de respirar y me perdería en el torbellino inmundo
de mi conciencia. En lo atormentador de mis angustias. En la mirada turbia
de mis enemigos. En el olvido que dejé ante mi huida. Simplemente hundiría
mi cabeza en lo profundo de la no vida, en la existencia nula.
A la mierda la norma rígida y dolorosa
el cargo de conciencia perpetuo
el castigo previsible de aquel verdugo llamado Dios
que muchos toman como salvador.
¿Dónde estás querido?
Aquí abajo no cesa la tormenta,
los ricos son más ricos y los desdichados más desdichados
aquellos hombres que en tu nombre hablan no hacen
más que enriquecerse a costa de aquellos que no tienen más
opción que creer en ti.
¿Dónde coño te has metido, si tanto te necesitan? – te necesito-
El silencio que lo atraviesa y penetra todo
tu silencio más rígido
tus palabras y actos inexistentes.
Las bombas lo volarán todo: brazos, cuerpos, ojos desorbitados...
y mi alma despedazada entre escombros rugosos.
Muertes insignificantes, es necesario más que un genocidio
para alarmar a los insensibles seres mutantes.
Aspiro el humo liberador
vuelo a mil años luz
nada me afecta, nada perdura
la levedad,
el espacio fugaz,

el tiempo sujeto al mandato de mis convicciones.


aniquilada


Se quedó a las puertas del infierno,
herida y asfixiada,
sumida en la soledad más rotunda.
Pensó en un futuro incierto,
en un nunca jamás,
en su incapacidad de triunfar.
Mirando descontrolada
sucumbió al pánico,
resbalando contra el gélido suelo.
Vasallo hipócrita,
vividor el Rey que todo lo aplasta.
Maternal instinto que acurruca
entre sus dedos amoratados.
Ganador honorífico de la lucha perdida,
del miedo escabroso y asesino.
No poder … y seguir aun así
con la esperanza de que algún día dominará.
Las marañas escalofriantes del pensamiento

dejarán que libre y pasiva derrote su temor.