18 abr 2012

cold cold water



Es mejor no sentir; ser piedra dura e inerte, ser hoja que surca el viento primaveral, o tal vez mejor ser un amanecer rojizo que colorea el cielo de la mañana. Escapar de la naturaleza humana que conduce una y otra vez al desconsuelo, a la auto-tortura –huir de forma inesperada de esa facultad sensitiva, de la capacidad de experimentar emociones, ser una nada, un punto inconcluso en tu pared-. La espina que se clava en el pecho y se incrusta definitivamente en el alma, el amor que estuvo y nos abandonó, la necesidad –asfixiante- del otro ¿dónde quedo yo cuando estás tú?, somos uno, ambos, fusionados entre besos húmedos, piernas que se cruzan, piel que se abraza, ojos que parpadean al mismo compás, corazones desbocados cual caballos en competición equina, jodidamente perdidos en una paranoia compartida, jodiendonos mutuamente. Ahora caigo otra vez en tu trampa, en tu forma de hablar pausada y perspicaz, todo con p, hasta tu p-n-. Tierra entre tú y yo, para apaciguar la tormenta que se avecina, para calmar la excitación violenta de nuestros músculos, huesos, tendones, venas y órganos menores, para pensar que estamos cuerdos –al menos por unos segundos -, nada más que risas rompiendo con el silencio de tu cama. Hoy estoy más extraviada que nunca, sintiendo más de lo normal, pensándote como nunca.

15 mar 2012

Paranoid.


Dos hombres y una mesa.

Espíritu del demonio
La paloma
Atardecer edificado
La vejez con flor