Tirarlo por la ventana. Todo. No dejar nada aquí dentro. Recogerlo de nuevo y disimular que no me importa. Guardarlo dentro de una caja transparente. No pensar que me hace daño atarlo al silencio. Sacarlo. Otra vez el mismo sentimiento de humillación. Otra vez la risa que sacude. ¿Qué es lo que quieres de mí? Responde, no seas cobarde.
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