8 oct 2009

J


Cuando me narran historias de la realidad vuelvo a sentir ese dolor agudo en el pecho, esa punzada de asco en mi estómago. No nos damos cuenta que al otro lado de la calle se esconde el hijo que golpea a su madre, la violencia que quema la piel y succiona la poca razón que queda. Hoy no quiero oír a más idiotas que lloran porque no tienen una piruleta, hoy quiero llorar por los que no tienen la suerte de caminar por rutas puras, por los que se sienten atrapados por la demencia, por los que no tienen la suerte de ser.
Nunca comprenderemos lo que es el dolor, porque lo que sentimos son las cosquillas de los caprichos que se nos dan sin rechistar. Esta sociedad es una porquería que gira como una rueda, pisoteando a las muchas personas que no tienen la posibilidad de subir, y creo que puedo decir que odio la desigualdad, y la maldad que se aferra a nuestros cuerpos. No deseo vivir más aquí mientras vea que somos absurdos y miserables, mientras sigan gritando los niños a los que golpean, mientras la especie se asesina a sí misma, mientras el dinero valga más que la propia vida, mientras las bombas explotan y las piernas vuelan por los aires, mientras el ojo invisible lo vigila todo. No quiero más estupideces que me demuestren lo ignorantes que somos, es que no quiero más, estoy bastante asqueada con los que se piensan que no hay nada más allá de sus propias narices. Gracias al salvajismo en el que vivimos actualmente estoy aprendiendo a odiar cierto tipo de cosas. Y la verdad no me gusta la palabra odiar.


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