
No se pueden ocultar tantas cosas en el alma, créeme. Sigue por el sendero del delirio que pronto chocarás contra tus propias pisadas. Cae sin parar por el camino vertical de la alucinación vacilante. Ser escondido tras el dulce aroma de la vehemencia, conduce tu mareado corazón tras el manto purificador del secreto que no se desvela. Las verdades en este lugar no se revelan; de lo contrario todos los ojos vigilantes se posarán sobre ti. Sobre tu sexo incandescente que no sigue el rastro del caracol que determina lo correcto. La enajenación que perdura en tu cuerpo lamido por la sed de su voz, ¿Donde piensas esconderte? Maldito dictaminador, malditos pensamientos conservadores, maldito todo lo que me aleja de tu intranquilidad permanente. Hoy soy todo lo que nunca fui.
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