Caes en su trampa y no vuelves a ser el mismo. Te conviertes en un ser absorto, distraído. Sonríes sin motivo, no recuerdas donde tienes ni tus propias manos, le dices a todo que sí y caminas con esa cara tan singular de enfermo condicionado, es decir, te dejas llevar por la onda extensiva del calorl. No puedes volver a vivir sin esa sensación, la necesitas antes de dormir, mientras duermes, y cuando despiertas. Todo es bonito en ese estado, todo es posible, nada está más allá de tu alcance. Todo se convierte en poco, nunca es suficiente. Más, más y aun así sigues teniendo un hambre agudo que te carcome las entrañas. Somos sus esclavos. Somos los sedientos inagotables de las sensaciones. Somos la necesidad personificada en deseos. Somos seres condicionados por otros seres que están igual de condicionados que nosotros. Todos nos encarcelamos voluntariamente en nuestros sentimientos.
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