Siempre hay temporadas en las que te sientes solo, en las que no encuentras donde refugiarte y prefieres el silencio, en las que todos aquellos que un día fueron importantes para ti encuentran a alguien más interesante, más risueño, más estúpido, más alto, más gordo. Esas malditas temporadas en las que no te sientes cómodo en ningún lugar y simplemente amas tu espacio vital, tu mundo o en esas en las que nadie se da cuenta que pides a gritos un respiro, una mano que te espante todos los fantasmas que guardas debajo de la almohada, un momento de olvido existencial.
Vivimos para nosotros de forma egoísta sin darnos cuenta que todas nuestras actitudes repercuten en un recuerdo olvidado entre dos amigos, o en la promesa de sinceridad de una época donde solo importaban las sonrisas. Vivimos sin siquiera preguntarnos si hay alguien a quien estamos hiriendo sin saberlo, alguien que nos necesita, alguien que se siente solo y busca compañía, simplemente vivimos como humanos embotados en nuestra propia mierda.
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