Me asesinaste en ese último sorbo de vino; dejé de sentirme viva cuando decidiste no seguir sentad- en aquella esquina oscura del bar.
Realmente hoy no puedo levantarme, me tiemblan las piernas y el alma, he entrado en una especie de trance ocasional en el que lo único que me tranquiliza es escuchar música. Ayer leí algo que me hizo sentir viva y excitada, aquellas líneas me recordaron lo mucho que deseo probar (probarte) y comprobar dónde está mi límite, esa verticalidad desconocida. Creo que sin quererlo me voy perdiendo cada vez más en mi paranoia y en mis inestabilidades emocionales, cuando estoy aquí me siento bien, me oculto en una cantidad de sentimientos que me producen náuseas y al mismo tiempo risa. No creo que consiga entenderse lo que digo, aunque sé que tú lo entenderás. Sé que deambulas por las noches sintiéndote vaci-, también sé en que piensas cuando te masturbas, cuando ves ese tipo imágenes que tanto nos gustan a l-s dos. Sé que sientes cuando te dan los rayos del sol en la cara, y cuando te miras los dedos de los pies. Sin quererlo te he vigilado desde mi mente, me he inventado tu cuerpo y lo que me dirías en una tarde de lluvia mientras nos miramos debajo de las mantas. Soy obsesiva compulsiva, o no, quizá no lo sea.
Me gustaría entenderme y también me gustaría ser libre como lo eres tú. Me divierte perder el tiempo viendo películas extrañas, de esas que te dejan la mente descolocada. También me divierte observarte e imaginarme tus pensamientos, la ropa interior que llevas puest- y el color de tus calcetines. Me apetece ingerir humo y litros de aquella bebida amarga que contiene etanol, me apetece bailar contigo, agarrarme a tu cintura y sentir como la vida corre por tu cuerpo. Debería imaginarme menos cosas, censurar mis sucios pensamientos y limitarme a vivir como la gran mayoría de personas pero qué cojones.
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