Me enfada esa forma desagradable con la que corriges mis fallos una y otra vez. Maldito tiempo encerrado en paredes. Malditas palabras repetitivas y desviadas del camino. Maldito instinto de poder que manipula mis estados. Malditos cánones impuestos a los ridículos payasos. Malditos los malditos, y malditos los benditos, aquí nadie se salva de la maldición de estar encerrado en una prisión invisible.

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