Recuerdo aquel día en que una emoción me atacó sin avisar. La vi. Vomité. Las vísceras de los pensamientos me arrebataron la tranquilidad y quedé petrificada en la duda. Creía ser más fuerte que el instinto pero me venció la imagen perpleja y burlona del espectro provocador. Entonces recordé que si se nos ha dotado con dos piernas es por si en algún momento has de correr. Corrí, huí. Tú también pero hacía otra dirección. Adiós recuerdo precioso, adiós amante nocturno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario