21 sept 2009

D


La cereza carnosa y húmeda se estremece por el roce de una lengua. Sujétala y acaríciala. Se siente confusa. Empieza de nuevo, esta vez lame la dulce fruta. Absórbela. Muérdela con delicadeza. No dejes que resbale de tus labios. Átala a tu fría saliva que chorrea desde su excitado corazón de semilla. Háblale en el idioma de los círculos seductores y rápidos. Atúrdela. Haz que gima y tiemble. Finalmente bésala y cántale una canción triste.

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