Tengo un miedo atroz a ser monotonía, a ser el clon deforme de lo inexpresivo. En realidad tengo un miedo y medio escondido debajo de la almohada, me habla en mis soledades, y me desprecia en mis agitaciones. No sé si este temor es al mundo mismo, a mis complejos inconclusos e imperceptibles, o a mis borracheras sentimentales que me carcomen el pensamiento en vez del hígado. Lo peor es que odio el interludio entre el principio y el final, odio el sabor agrio de la duda y odio la mirada de complicidad con el silencio.
Soy una confusión real. Soy como un enigma dentro de un remolino de ideas. La verdad es que no sé ni quién soy ¿un quejido, una acera pisoteada, una colilla torturada por unos labios destructores, un pincel ensangrentado por el vino de la desgracia, una alfombra empolvada por el paso del tiempo? Nunca lo sabré nunca podré conocer ni una mínima parte del todo que me envuelve.
No hay comentarios:
Publicar un comentario