Intoxícame, devórame, písame, desgárrame. Ven…
Giros y giros magnéticos en el espacio de la inconsciencia subliminal, del desorden del pensamiento, en el armario desordenado de la imaginación.
Sube por mi cuerpo como aire que viola y penetra, como ser intangible que profana lo apaciblemente virgen, como la adictiva droga de mi maldita tristeza, como todo eso que siempre me hace ser animal y primaria, como el veneno agrio de mis propias palabras.
Soy sin ser y quiero ser siendo porque todo este maldito desequilibrio me impide ver con claridad.
Moriré siendo lo que quiero ser: algo puro e imborrable, un dolor agudo en el pecho, un recuerdo verde o blanco, el objeto de tus deseos y de tus erección solitarias, la planta de los pies que todo lo pisan y todo lo absorben, algo inesperado en un mundo lleno de predictibilidad, una foto moribunda que cree sentimientos vitales, un rayo de sol en la noche. Algo que esta puta sociedad no fabrique en unidades de 1.000.
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