No me gusta acumular cansancio en el cuerpo ni recuerdos innecesarios que agujereen el presente pero aún así rebozo de dolores musculares y de pesadillas psicóticas que juguetean por el jardín. A veces mientras miro a través de mi ventana miles de sensaciones me golpean el cuerpo; empiezo a sentir como las nubes abarrotadas de tonalidades grises se pasean por el cielo, por mi maldito cielo, y me siento de nuevo en una confusión esférica que tiene un ciclo de vida continuo dentro de mi consciencia. Es entonces cuando me peleo con mis huesos, y odio mis uñas y detesto que oscurezca y que el día se vuelva frío de repente sin haber encontrado a nadie que me abrace mientras duermo. Y me empiezo a dar cuenta de lo sucio que está todo en mi ventana, del polvo que acumulo por la maldita pereza a la que estoy constantemente sujeta, y me doy cuenta de la cantidad de llantos que se han quedado atrapados sin poder salir por exceso de tristeza ahí afuera. Y sigo sin entender mi pasividad ( mi excesiva pasividad) porque sé como soy y no sé exactamente que estoy siendo, y llegará un momento en el que me tenga que enfrentar a esa llanura inconclusa de cosas a las que supuestamente tenemos miedo y realmente no sé lo que descubriré en ese lugar recordado por pocos pero olvidado por muchos.
Sé que tiendo a autodestruir sueños que aún no se han roto y que me da miedo dormir sola en mi cama doble. También sé que me encanta comer a escondidas y que soy amante de lo bello. Me obsesiono con detalles donde no cabe obsesión alguna y me niego muchas cosas a mí misma por miedo al fracaso, por miedo de no ser lo que espero ser. Sé que hablo por los codos cuando me siento en buena compañía y que mis ideales son todo aquello que rige mi vida. Sé que me gusta la tranquilidad y los pequeños detalles que nadie ve. Sé que no soy indispensable o imprescindible para este mundo y esto me llena de tristeza porque sé que moriré y toda mi esencia se desvanecerá y será como si nunca hubiese existido. No tengo miedo a la muerte, no tengo miedo a lo desconocido, no tengo miedo a mi propia curiosidad pero sí tengo miedo de vivir una soledad sin compañía, de la avaricia humana, de que la vida pierda totalmente su sentido, de querer morir antes de que tenga que hacerlo.
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