Eres la maldita llama que me quema y me desintegra, el pecado de nuestros cuerpos desinhibidos y sucios. Te conviertes en silencio cuando el ruido perdura en este lugar que tanto amamos. ¿Crees que seriamos vació sin siquiera haber sido? Si fuese así seriamos una nada conjunta y cálida, húmeda y sudorosa. Y ahora nuestras almas se exponen a nuestra propia mirada y es inevitable saber que nos necesitamos, que nuestras risas son vida y que nuestro amor es infinito.
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