Soy una troglodita bipolar, una guitarra sin cuerdas, una noche sin luna. Soy el reflejo de aquello que fui, una bombilla aturdida o quizá un lazo asesino. Soy más de lo que creo ser. Soy aquella canción que me recuerda mi niñez, a aquellas noches cálidas en las que juntos nos trasladábamos a lugares inimaginables. Recuerdo el ruido de esas monedas cayendo, lo rotundo de esos tambores, lo desgarrador de esa voz, mi alma se iniciaba en la demencia. También te recuerdo a ti, mi primer amor, el más extraño de mi vida. Siempre te amaré aunque seas sólo un recuerdo bonito, un ser que ahora vive en otra dimensión, aunque seas la locura encerrada entre rejas. Eras la más hermosa de todas, eras mi alucinación, mi curiosidad permanente, lo que me incitaba a lo desconocido ¿recuerdas nuestros secretos? ¿Tu gran miedo a la oscuridad? Yo lo recuerdo bien, tan bien que creo tocarte, sentirte inquieta a mi lado, hablándome de aventuras estridentes en las que yo no participaba pero sentía que eran las mías propias. Me inspiras, consigues que destile palabras, que alucine entre recuerdos, que me sienta menos sola y menos confusa.
Soy el agua estancada, los pasos que se dirigen hacia atrás, la peor parte del miedo. Soy sólo carne y huesos, arañazos futuros, gritos pasados. Soy el sorbo final, el último escalón, la inestabilidad personificada. Ella me recordó a mí misma, ahora hablo de ese otro alguien, me hizo sentir orgullosa de ser lo que soy, de ver la vida desde una perspectiva tan cáustica. Él quizá sea lo único fálico de mi vida, me llena de armonía vital, de repente consigue encender hasta la última de mis perversiones. Él será eternamente mío. Será mi refugio constante, mi consuelo absoluto. Él será el pecho en el que descansaré cuando me sienta perdida, la sonrisa que me alentará en mis momentos difíciles, aquello que me penetra y me ahoga.
Yo y todos mis fantasmas.
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