



Ayer la vi sola y olvidada en el balcón oscuro de su alma.
Ayer morí entre sus brazos lánguidos, entre canciones rotas y desquebrajadas.
Ayer no fue más ayer, el tiempo cedió al balazo mortal del reloj.
Ayer tú, ayer yo. Ayer sin hoy, sin un mañana cierto.
Ayer brotaron raíces del árbol sagrado de su esencia más animal.
Ayer no era yo. Ayer ofuscada en la perdurabilidad, en lo eterno.
Ayer fuiste tú mi inspiración, hoy lo sigues siendo. Nadie conoce lo oscuro de mis pensamientos, lo dulce de tus besos.
Ayer me sumergí en el océano salado de lo real.
Ayer descubrí que lo simple era más complicado que lo complejo y que yo no era más que huesos y carne.
Ayer fue ayer y el hoy mañana será otro ayer; un sinfín de ayeres inconclusos y borrosos. Un ayer, una nada, un todo.
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