12 oct 2009

P.M



Mientras la abrazaba pensaba en sus labios, tan suaves y tibios. No resistía la tentación de preguntárselo, de pedirle con voz entre cortada pero firme que se llenara del mismo éxtasis acuoso. ¿Puedo besarte ahora? ¿Puedo besarte alguna vez? ¿Puedo? No respondió pero creo que fue porque las palabras interrogativas no salieron nunca de mi boca y lo único que salía de la suya eran silencios.

Aun la deseo. Aun lo deseo. Aun estoy vagando en la confusión.


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